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La Coctelera

clara

25 Abril 2006

El teatro no es para todos

Por segunda vez en el poco tiempo que llevo haciendo una práctica en una escuela de la provincia de Madrid, se organizó una actividad que tuvo lugar durante el horario escolar pero que tenían que pagar los estudiantes para poder asistir. Por lo tanto, otra vez hubo estudiantes que se quedaron fuera. La última vez fue el festival de inglés que tuvo lugar en la escuela. En aquella ocasión los que no asistieron podían oír que lo estaban pasando bien sus compañeros en otra planta. Esta vez se trató de una obra de teatro para celebrar el Día del libro y tuvo lugar cerca de la escuela en el pueblo. A algunos de los estudiantes posiblemente les dio igual no poder asistir. A algunos no les interesó la obra o la habían visto otro año. A otros les podía haber sentado mal no poder asistir. Una profesora me dijo que un niño no dejaba de llorar por ese motivo. Sigo creyendo que las actividades durante el día escolar deben ser gratis para todos.

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18 Abril 2006

Un breve paseo y encuentro en Madrid

Madrid, el 8 de abril de 2006

Hoy hacía un día estupendo, pero la verdad es que por una misteriosa confluencia de factores, entre otros el próximo fin del programa, los trabajos y los exámenes, y la incertidumbre del futuro, mi espíritu no estaba en consonancia con el bello tiempo. Después de muchas horas de trabajo y escritura que cundieron poco, vi desde la ventana de mi habitación que el sol salía de detrás de las nubes. Sabía que haría un día bonito en el Retiro y decidí salir a dar una vuelta antes de que se me escapara el sol. Me gusta andar por allí y mirar a los niños, los padres, los abuelos, los estudiantes, los inmigrantes, los amantes, los animales y los diversos personajes que se dedican al teatro infantil, la música y la venta de cualquier cosa para ganarse el pan del día. Me alegra vivir cerca del parque, sobre todo en esta época.

Di una vuelta al estanque y luego salí por la esquina noreste del parque, rumbo al Corte Inglés. Todavía tenía una nube en la cabeza a pesar del cielo despejado. Pensaba comprar crema de cacahuetes. Cuando acercaba a la entrada, vi a una anciana española vestida de negro que venía hacia mí. Le eché unos 90 años y parecía la prototípica viuda anciana española, como si hubiera salido de una película. Se había parado para descansar y reorganizar las bolsas que llevaba. Estaba algo encorvada y no sabía si ella era así o si se debía a que se inclinaba para ajustar las bolsas. Me imaginé que le pesaban y le pregunté si podía ayudarla. Supuse que vivía cerca. Me respondió, pero apenas entendí una palabra [¡y eso que estoy a punto de sacar la maestría (creo)!]. No respondía a mis preguntas, sino que hacía otros comentarios. La miraba mientras hablaba y me fijé en sus ojos azules, lúcidos y magnéticos.

Después de volver a preguntarle varias veces si la debía ayudar, entendí que sí. Entre tanto supe que había estado allí en frente del Corte Inglés pidiendo limosnas. Creo que me di cuenta porque me dijo varias veces que tenía hambre. Le pregunté adónde iba y me dijo que iba a Barajas Pueblo. Una mujer que pasaba lo oyó y me lo aclaró, porque no había entendido. Llámame tonta, pero yo ni sabía que hay un Barajas Pueblo, solo conozco el Aeropuerto de Barajas. Por un momento, pensé que iba al aeropuerto a pedir o algo. Me pregunté incluso si tendría casa. Parece mentira y me da vergüenza confesarlo pero hasta por un segundo me pregunté si acaso era una gitana anciana que trabajaba en grupo con otros que nos esperaban en donde me pensaba llevar. Tonterías. Me preguntaba cuántos años tendría y cuál sería su historia. Me imaginaba que tenía muchas que contar, que tendría incluso recuerdos de la Guerra Civil, pero como no la entendía, y no pensaba irme a Barajas Pueblo, ya no le pregunté más cosas. La ayudé hasta la boca del metro, pasito a pasito, ella calzada en lo que parecían zapatillas. Bajamos las escaleras y le pregunté si ya tenía su billete. Me explicó que siempre la dejan pasar y, efectivamente, saludó al taquillero y con una sonrisa la dejó pasar. Pasé con ella y le dejé las bolsas, diciendo que no podía irme con ella. Me pidió una limosna. Le di el billete de 5 euros que tenía en el bolsillo, pensando que le vendría mejor a ella que la crema de cacahuetes a que estaban destinados me hubiera venido a mí. Me pidió más, pero ya me despedí.

No sé dónde estaré el año que viene, ni mucho menos cuando tenga 90 años si es que llego a tenerlos. Espero no estar pidiendo en la calle, pero ¿quién sabe? Un verano conocí a una estudiante de Middlebury de entre 40 y 50 años que había sacado su master (no voy a decir en qué verano ni qué idioma estudiaba) pero que vivía en su coche mientras buscaba sin éxito un trabajo de profesora en su región preferida. No tenía ahorros para pagar el alquiler ni seguridad médica. Apenas lo podía creer. Una estudiante con un master de Middlebury. profesora y viviendo en su coche. Seguramente no pasará a nosotros...

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P.D. Para la bitácora se nos pidió que escribiéramos consejos para futuros estudiantes. El mío es que si veis a esa señora (en el Corte Inglés de Goya) o a una como ella que os diga que tiene hambre, invítadla a comer. Igual os cuenta historias interesantes e incluso llegais a comprender su acento…

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28 Marzo 2006

Un viaje a Extremadura

Este fin de semana viajé a Mérida, Cáceres y Trujillo con los estudiantes de la clase sobre Neruda. Tuvimos suerte porque se suponía que iba a llover, pero sólo llovió una noche. Durante el día hacía un tiempo fenomenal. Mérida es una ciudad muy bonita con un importante patrimonio romano. Visitamos su Museo Municipal, el Teatro, y el Coliseo. También visitamos las ruinas de un palacio y un cementerio romanos. Eran todos sitios impresionantes. Disfruté de un almuerzo delicioso en el patio de un restaurante sefardí. Me gustaron mucho las patatas a lo pobre y una ensalada muy sencilla de naranjas troceadas con azúcar y aceite de oliva. Por la noche disfrutamos todos de una recepción en un buen hotel. Degustamos buenos quesos, jamón y vino, y charlamos hasta tarde...

Al día siguiente viajamos a Cáceres, que también tiene patrimonio romano, pero cuyo casco histórico data más bien del siglo XV y XVI. Fuimos al Museo de Cáceres en un antiguo palacio que también se conoce como la Casa de los Aljibes (por el aljibe hispanomusulmán que conserva). Vimos otros muchos edificios históricos y disfrutamos de una tarde tranquila y relajada antes de volver a subir al autobús.

Paramos en Trujillo (www.trujillo.es), una ciudad con una plaza antigua muy bonita en la cual había una ¨feria renacentista¨ con todo tipo de vendedores de productos regionales, joyería, jabones, dulces, licores, etc. Subí al castillo que ofrece una excelente vista de la ciudad y del valle. Nos quedamos nada más una horita y emprendimos la vuelta para Madrid.

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21 Marzo 2006

Palabras desmedidas

Llegó la última hora del día en la escuela donde hago la práctica.

—Yo estoy cansada. Tú estás cansada. Los niños están cansados. Vamos a poner una película — me dijo la profe de inglés en cuya clase estoy de asistente.

—Puedo jugar a Simon Says con ellos –le contesté.

—Se cansan en seguida —replicó, nada convencida, y se fue a buscar el DVD “Ants”.

Mientras tanto, saludé a los niños, que tenían unos 4 años, y empecé a jugar con ellos. Seguían todas mis acciones. Estaban interesados y lo pasaban bien. No obstante, llegó la profe con el DVD y lo puso. De poco servía yo allí y estaba algo molesta con lo cual salí al pasillo para leer Los Pazos de Ulloa. Al rato, volví. Con unos 10 minutos de antelación sobre la hora de salida la profe de la clase de inglés y la profe del aula contigua iban juntando a los chicos, asegurándose de que cada cual tuviera su abrigo, su tupper etc. y dirigiéndoles a hacer cola para esperar el momento en que les permitiera salir.

— ¿A quién pertenece esto? —gritó con voz exasperada la profe del aula contigua mientras salía del cuartito que tiene el lavabo y que se encuentra entre las dos aulas. Tenía la mano alzada y sujetaba un tupper que debía haber contenido el almuerzo.

—A Álvaro –contestó alguno de los peques.

— ¿Dónde tiene Álvaro la cabeza? —preguntó retóricamente y en voz alta la profe— ¡Me parece que la tiene en el culo!

Todo siguió como si el comentario hubiera sido de lo más normal. Al juzgar por por sus acciones, ni a los alumnos ni a la otra profesora les parecían en lo más mínimo palabras inadecuadas para una docente.

Sé que el uso de tacos es común en España y por eso no suponen la misma fuerza que en otros países. Y sé que la crítica la llevan en las venas los españoles, que es deporte nacional. No obstante, ¿Alguien se atreve a defender que este tipo de comentario sea razonable?

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14 Marzo 2006

Tranqui tronqui, no te pongas nervi

Hoy me encuentro agobiada. Tengo un montón de trabajo y la tecnología me está fallando. Tengo que preparar una presentación oral de materiales auténticos para la clase de Enseñanza para el jueves y cada vez que visito la página Web que pienso utilizar, la Red está lentísima o no funciona algo (3 días seguidos). Por otra parte, tengo la práctica el viernes y se me ha pedido preparar una lección en base de algo que también está en Internet, pero para ver ese algo, hay que bajar algún programa. Claro, bajarlo tampoco está resultando fácil porque no tengo los derechos de administrador, como bien me informó el mensaje de error al intentar hacerlo. Para variar, y a ver si funcionaba en otro ordenador, pensé intentar bajarlo en un Mac, pero doy con aún más obstáculos a cada paso. Aunque me gustan mucho los Macs (o por lo menos me gustaban y quien puede negar que son más monos que los PCs), como no suelo utilizarlos, ni sabía acceder al Internet. Hoy supe que hay que hacer clic en ¨Safari¨. Claro, la metáfora tiene su gracia, pero nada tiene mucha gracia cuando sientas la presión del tiempo y cada un, dos, tres no puedes hacer lo más básico, hasta por ejemplo minimizar un documento, abrir uno nuevo, copiar y pegar texto y así sucesivamente. A lo mejor empiezan a tener la idea de que sea yo un dinosaurio…Por favor, no me malentiendan—puedo aprender y aprendería de buena gana a usar un Mac, pero prefiero hacerlo con más tranquilidad. En fin, ya saben cómo son las cosas. También se encuentran en situaciones semejantes (lectura, proyectos finales, solicitudes de trabajo etc.) así que, estimados lectores, voy a parar ahora antes de dejarles dormidos.

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7 Marzo 2006

¿Tan pronto?

Parece mentira que nos quedan menos de dos meses para acabar el programa. Siento una mezcla de emociones. Me alegro de que vaya a alcanzar una meta importante que me puse, pero a la vez me da pena que vaya a acabar el programa. Me gusta ser estudiante y pasar los días aprendiendo. Espero encontrar un trabajo que también me guste y que me permita seguir creciendo. Me encanta haber conocido a tanta gente maja—tanto estudiantes como profesores—,pero me da pena porque me parece que acabo de empezar a conocerles y ahora nos va a llevar los cuatro vientos. Os felicito a todos por haber sobrevivido a los exámenes parciales y os deseo mucha suerte con el trechito que nos queda.

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28 Febrero 2006

¡El inglés es para todos (los que paguen)!

Hago una práctica en una escuela rural fuera de Madrid. Estoy de asistente en las clases de inglés, pero me interesa saber también cómo llevan las otras asignaturas y las clases compensatorias que son para niños que necesitan alguna ayuda extra. He visto en las clases de inglés que algunos alumnos necesitan muchísima ayuda; no se enteran de nada. Tengo entendido que muchos inmigrantes van a las clases compensatorias porque no hablan castellano. Pero se reúnen pocas horas esas clases y los que las asisten tienen toda una variedad de necesidades. Quisiera ver cómo y con cuánta eficacia se les ayuda a avanzar e integrarse a esos chicos.

Bueno, pues, este viernes el colegio montó un Festival de inglés. Se invitó a un grupo formado por un malabarista, un mago, dos actores y dos músicos. Además un aula se dedico al karaoke con canciones infantiles en inglés. Los actores, los músicos, el malabarista y el mago fueron de aula en aula para entretener (y a lo mejor así enseñar) a los chicos. Supe que el festival iba a durar todo el día salvo el primer periodo y la mitad del último. Supuse también que sólo iba a observar, que podría ser algo repetitivo y que no iba a aportar mucho así. Por eso pensé que podría ser un momento adecuado para asistir a alguna de las clases compensatorias. Pregunté a mi contacto en el colegio si habría algún inconveniente en que hiciera eso.

--Es que hoy no hay otras clases, todos van al festival –me explicó. —Es decir, claro, todos los que van.

Me quedé confundida.

--¿Quienes no van al festival? –le pregunté.

--Los que no han pagado –contestó.

Estaba sorprendida. Había supuesto que todos iban al festival. Después de todo, tomaba lugar durante el día escolar y allí mismo dentro de la escuela.

--¿Cuánto cuesta?

--Seis euros.

Tuve que irme al primer periodo. Cogí mis materiales y me fui. Después de la clase fui al festival. Tuvo lugar en la primera planta. Estaba sentada con algunos alumnos. Un chico hacía algo con su libro de texto. Pensando que era su libro de texto de inglés le pregunté si podría echar un vistazo. Me dejó el libro y resulta que era su libro de religión. Lo hojeé y vi que, como sería de esperar en España, estaba escrito desde una perspectiva cristiana y católica. No vi nada del budismo ni muchas otras religiones aunque sí hubo un parrafito sobre los musulmanes. Si “pecó” el libro por decir poco sobre otras religiones, por lo menos no estaba mal escrito y parecía querer hacer pensar a los alumnos y provocar conversaciones importantes. Hojeándolo, vi una página en la cual hubo un dibujo tipo tira cómica en el que un chaval se encuentra aislado y sin amigos y tiene que decidir si jugar o no con otro que no es popular. Aunque no creo que se deba enseñar la religión en las escuelas públicas, entiendo que es parte de la historia y la cultura de España. Además parecía que el libro quería transmitir ciertos valores como la tolerancia y la inclusión que son necesarios para el buen funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, poco sirve ese mensaje en un texto si los mayores no viven esos valores. Se está fomentando la exclusión y la segregación de los niños inmigrantes de los “españoles” por medio de las polizas sobre el pago de actividades que ni siquiera creo se puedan considerar extracurriculares porque toman lugar durante las horas escolares.

Se me explicó que últimamente se habían organizado muchas excursiones –a un museo en Madrid, a la sierra para ver la nieve y a no sé qué cosas más. Aparentemente, la asociación de padres de los niños subvenciona una parte de algunas actividades y a veces libros u otras cosas que hay que pagar. Los padres también tienen que pagar algo. Algunos no pueden o no quieren o simplemente tienen problemas de comunicación. En su mayoría, los que no asisten a estas actividades son inmigrantes. Se me explicó que en el pueblo los inmigrantes están aislados en un tipo de gueto (palabra de una profesora, no mía), y que los padres (no inmigrantes) se quejan cuando se dan recursos a los inmigrantes porque, se me dijo, éstos no pagan a Hacienda. No sé si se puede generalizar en cuanto a quien paga qué a Hacienda. Yo he conocido a españoles que buscan maneras de pagar menos impuestos de los que se supone que tendrían que pagar, otros que están en el paro aunque no buscan trabajo etc. Por otra parte, ¿cuánto debe pagar alguien que gana 6 euros por hora haciendo un trabajo que ningún español quiere hacer? En fin, opino que ningún alumno debe quedarse excluido de una actividad escolar porque sus padres no pudieron o no quisieron pagar por ella. Imagínense que fueran los niños que se quedaron en un aula en la planta baja con un profesor que también hubiera preferido asistir al festival. Escuchan desde una distancia la música y las risas que vienen del Festival de inglés porque sus padres no han pagado por el “privilegio”.

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21 Febrero 2006

The Best of Plans

Este fin de semana fui a Sierra Nevada con un grupo organizado para esquiar. Me encanta esquiar y nunca había esquiado en la Sierra Nevada, con lo cual quería aprovechar la oportunidad mientras estoy en España. El paisaje que vimos de camino fue bien hermoso. Salimos el viernes por la tarde de Madrid, paramos unos 45 minutos de camino para cenar y llegamos bastante cansados sobre las 22:00. La parada para cenar fue más larga de la que se hubiera hecho en EE.UU. Allí cuando uno va en autobús o no se para descansar o se para unos escasos 10 a 15 minutos (en la trayectoria de Washington D.C. a Nueva York, por ejemplo). Se me contó que la duración de la parada tiene que ver con unas leyes muy estrictas en España y que cada autobús tiene una caja negra que graba todos los datos del viaje, con lo cual los conductores tienen que tener cuidado y seguir las reglas rigurosamente.

Nos quedamos en un hotel que antiguamente era monasterio. Estuvo muy bien con la excepción de que se oía demasiado a través de las paredes. Estaba bastante cansada y tuvimos que madrugar al día siguiente, de modo que no salí, sino que me duché y me metí directamente en la cama. Madrugamos a las 7:00 para desayunar y subimos al autobús sobre las 8:00 para llegar a la estación de esquí sobre las 9:00. Lo malo es que llegamos con un poco de atraso y ya había mucha gente. Como habíamos alquilado el equipo en grupo, tuvimos que esperar también para ello. Luego había una cola requetelarga para subir la montaña. No llegamos a la cabina del remonte hasta las 12:00. Vi que no tenían bastante gente trabajando allí pues no estaba bien organizada donde hay que subir al ¨huevo¨, o sea, la cabina.

La estación y las montañas en sí son magníficas. Desafortunadamente durante la mayor parte del día había poca visibilidad. De hecho, subí una vez una pista roja (dudé un momento si subir o no pues había un aviso que decía que sólo esquiadores avanzados debían subir, pero pensé que las pistas rojas no podrían equivaler a las pistas negras en EE.UU.). Cuando llegué a la pista pensé que seguramente me iba a hacer daño al bajar. No había nadie y no pude ver nada. Afortunadamente, no fue tan mal y pude bajar, aunque despacito. Salío el sol de vez en cuando y en esos momentos se podía apreciar la belleza de las montañas.

Al día siguiente, estábamos todos desilusionados porque se nos dijo que se había prohibido el paso a autobuses en la carretera y que se había cerrado la estación por mal tiempo. Hubo una fuerte discusión entre algunos viajeros disgustados y el organizador. Al final, salímos cada cual por su cuenta a disfrutar de medio día en Granada. Salió el sol y era muy bella la ciudad, sobre todo la vista de la Alhambra.

En fin, si volviera a Sierra Nevada, lo haría entresemana cuando no haya tanta gente en la montaña. El tiempo y las colas fueron aspectos desagradables, pero por otra parte conocí a buena gente y disfruté del tiempo que pude esquiar y ver el paisaje y la ciudad. Todo lo cual viene a decir que aunque los mejores de los planes se desvíe y no salga exactamente como uno quisiera, suele haber también un lado positivo.

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