Estimados colegas, me perdonarán que sea negativa en mi primera contribución a la bitácora, pero ¿no es un deporte nacional español el quejarse? Ayer un amigo del programa me comentó que hace dos semanas dejó de fumar no porque perjudica su salud sino porque no aguantaba las miradas de desprecio de las que era objeto cuando encendía un cigarrillo. Me sorprendió que recibiera esas miradas aquí en España dónde otro deporte nacional todavía es el fumar, con lo cual me aseguró que recibía más de tales miradas en EEUU. Pero me desvío del tema, que claro todavía desconocen. Confieso que vivo en barrio Salamanca, que todos saben habita gente pija y adinerada…más yo. Bueno, es un estereotipo, pero algo de verdad tiene. Lo que no entiendo es ¿Cómo puede esa gente aguantar la cantidad de caca en la calle? Yendo a la piscina es casi imposible no pensar en la caca pues está por todas partes. Y dónde no hay caca, hay mancha de la caca de ayer o de anteayer o de la prehistoria (que menos mal los trabajadores de limpieza en sus trajes de verdes y amarillo relucientes nos han hecho el favor de limpiar). ¿Pero porqué no limpia la gente tras sus propios perros? Claro, no es una tarea agradable, pero ¿acaso desconocen el desagrado que es pisar la caca que dejan? Te estropea el día de verdad. Creo que debe fundarse una especie de Patrol de la Caca de Perros. Cada vez que alguien deja su querido Brutito cargar la calle, y ninguno de los dos recoge el rollo ofensivo después, el Patrol tendría que hacer que el dueño de la pequeña bestia pise esa caca antes de que continúe su paseito. Por otra parte, habría que animar a todos los buenos ciudadanos, ya sean fumadores o no, a echar unas de esas miradas que me mencionó mi colega a los que de verdad las merecen—los dueños de la caca de la calle, los dueños de los perros que la sueltan.