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La Coctelera

clara

18 Abril 2006

Un breve paseo y encuentro en Madrid

Madrid, el 8 de abril de 2006

Hoy hacía un día estupendo, pero la verdad es que por una misteriosa confluencia de factores, entre otros el próximo fin del programa, los trabajos y los exámenes, y la incertidumbre del futuro, mi espíritu no estaba en consonancia con el bello tiempo. Después de muchas horas de trabajo y escritura que cundieron poco, vi desde la ventana de mi habitación que el sol salía de detrás de las nubes. Sabía que haría un día bonito en el Retiro y decidí salir a dar una vuelta antes de que se me escapara el sol. Me gusta andar por allí y mirar a los niños, los padres, los abuelos, los estudiantes, los inmigrantes, los amantes, los animales y los diversos personajes que se dedican al teatro infantil, la música y la venta de cualquier cosa para ganarse el pan del día. Me alegra vivir cerca del parque, sobre todo en esta época.

Di una vuelta al estanque y luego salí por la esquina noreste del parque, rumbo al Corte Inglés. Todavía tenía una nube en la cabeza a pesar del cielo despejado. Pensaba comprar crema de cacahuetes. Cuando acercaba a la entrada, vi a una anciana española vestida de negro que venía hacia mí. Le eché unos 90 años y parecía la prototípica viuda anciana española, como si hubiera salido de una película. Se había parado para descansar y reorganizar las bolsas que llevaba. Estaba algo encorvada y no sabía si ella era así o si se debía a que se inclinaba para ajustar las bolsas. Me imaginé que le pesaban y le pregunté si podía ayudarla. Supuse que vivía cerca. Me respondió, pero apenas entendí una palabra [¡y eso que estoy a punto de sacar la maestría (creo)!]. No respondía a mis preguntas, sino que hacía otros comentarios. La miraba mientras hablaba y me fijé en sus ojos azules, lúcidos y magnéticos.

Después de volver a preguntarle varias veces si la debía ayudar, entendí que sí. Entre tanto supe que había estado allí en frente del Corte Inglés pidiendo limosnas. Creo que me di cuenta porque me dijo varias veces que tenía hambre. Le pregunté adónde iba y me dijo que iba a Barajas Pueblo. Una mujer que pasaba lo oyó y me lo aclaró, porque no había entendido. Llámame tonta, pero yo ni sabía que hay un Barajas Pueblo, solo conozco el Aeropuerto de Barajas. Por un momento, pensé que iba al aeropuerto a pedir o algo. Me pregunté incluso si tendría casa. Parece mentira y me da vergüenza confesarlo pero hasta por un segundo me pregunté si acaso era una gitana anciana que trabajaba en grupo con otros que nos esperaban en donde me pensaba llevar. Tonterías. Me preguntaba cuántos años tendría y cuál sería su historia. Me imaginaba que tenía muchas que contar, que tendría incluso recuerdos de la Guerra Civil, pero como no la entendía, y no pensaba irme a Barajas Pueblo, ya no le pregunté más cosas. La ayudé hasta la boca del metro, pasito a pasito, ella calzada en lo que parecían zapatillas. Bajamos las escaleras y le pregunté si ya tenía su billete. Me explicó que siempre la dejan pasar y, efectivamente, saludó al taquillero y con una sonrisa la dejó pasar. Pasé con ella y le dejé las bolsas, diciendo que no podía irme con ella. Me pidió una limosna. Le di el billete de 5 euros que tenía en el bolsillo, pensando que le vendría mejor a ella que la crema de cacahuetes a que estaban destinados me hubiera venido a mí. Me pidió más, pero ya me despedí.

No sé dónde estaré el año que viene, ni mucho menos cuando tenga 90 años si es que llego a tenerlos. Espero no estar pidiendo en la calle, pero ¿quién sabe? Un verano conocí a una estudiante de Middlebury de entre 40 y 50 años que había sacado su master (no voy a decir en qué verano ni qué idioma estudiaba) pero que vivía en su coche mientras buscaba sin éxito un trabajo de profesora en su región preferida. No tenía ahorros para pagar el alquiler ni seguridad médica. Apenas lo podía creer. Una estudiante con un master de Middlebury. profesora y viviendo en su coche. Seguramente no pasará a nosotros...

+++

P.D. Para la bitácora se nos pidió que escribiéramos consejos para futuros estudiantes. El mío es que si veis a esa señora (en el Corte Inglés de Goya) o a una como ella que os diga que tiene hambre, invítadla a comer. Igual os cuenta historias interesantes e incluso llegais a comprender su acento…

servido por clara 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Lena

Lena dijo

¡Qué historia más bonita! Espero que después de ayudar a esa abuelita eso te haya ayudado a sentirte mejor. Uno nunca sabe lo que le puede dar la vida pero siempre hay que se amable y respetuoso con los mayores.

19 Abril 2006 | 02:17 PM

Luis

Luis dijo

No es raro que te extrañes al enterarte de la existencia un pueblo llamado Barajas (el que da nombre al aeropuerto de Madrid) ya que efectivamente no existe.
Y no existe porque hace muchos años (Mas de los 50 que yo tengo)se convirtio en un barrio mas del municipio de Madrid. Por lo tanto seria mas apropiado hablar del barrio o del distrito de Barajas, aunquwe a muchos de los barajeños nos gustaria tener nuestro propio ayuntamiento y gestores que hicieran lo propio con los enormes ingresos que proporcionan al ayuntamiento de Madrid, tanto el aeropuerto, como los recintos feriales del campo de las naciones, como la ciudad deportiva del Real Madrid, como la futura ciudad de la justicia.
Un saludo

9 Septiembre 2006 | 05:54 PM

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